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sábado, 10 de marzo de 2018

SALIENDO DE LA CRISIS

Entonces Adela no le saludaba por la calle, de eso se acordaba muy bien Nestor, sin embargo ahora que ella había abierto un bar y que le necesitaba cómo cliente, le daba conversación y hablaba con él. Adela había puesto su propio negocio y ahora necesitaba llenarlo con gente que se gastara el dinero allí, sabía que Nestor era buen bebedor, sabía que Nestor podía ser un buen cliente y ahora le interesaba llevarse bien con él. Nestor no quería ser rencoroso pero no se podía olvidar de las veces que se encontró a Adela en los bares o en el paseo y ésta hacía cómo si no existiera. Lo curioso es que ahora Adela estaba sin novio, pero daba igual: su exnovio estaba en el bar todo el día marcando territorio, forzando la situación, haciéndose imprescindible, obsequioso y regalador y surtido de favores. Había mucha tensión en ese bar que además se había convertido en el bar proletario de la zona, el bar que habían elegido los obreros para tomar sus cervezas después de trabajar y acudían solos o en parejas de amigos con el mono de trabajo manchado en muchas ocasiones, antes de llegar a su casa y asearse convenientemente. Los currantes no saludaban a Nestor a pesar de que Nestor trabajaba en la cadena de producción de Adeco, pero Nestor, con su aspecto siempre impecable y su ropa de marca, no parecía ni un obrero ni alguien que se estuviera buscando la vida sino un parado más mantenido por su familia al que proveían de dinero sus padres para sus gastos a pesar de tener ya cuarenta años. Nestor suscitaba envidias y de alguna manera sabía que a Adela tampoco le podía caer muy bien puesto que se relacionaba con él por interés, por su dinero, y porque no tenía más remedio. Un tarde fue a tomarse unos ron-cola y los currantes ni le saludaron y el exnovio de la dueña no le dio la buenas tardes cuando Nestor saludó educadamente.

 Fue entonces cuando su amiga Roimans recibió una gran herencia, su padre que era constructor le había legado más de 111 pisos y viviendas que generaban inmensos beneficios cada una de ellas, por eso Roimans no le llamaba ya y cuando él lo hizo Roimans estaba muy nerviosa, de la noche a la mañana se había convertido en una mujer inmensamente rica. Durante años Nestor había sido el pañuelo de lágrimas y el confesor de su amiga Roimans, siempre atacada de los nervios y con problemas para dormir y casi siempre malhumorada, y ahora parecía ser que Roimans quería cambiar de vida, quería dirigirse hacia una vida de lujos y obstentación en la que Nestor seguramente ya no tenía cabida, pero eso sería en el peor de los casos y en el mejor de ellos, Roimans podría darle un buen trabajo y un buen sustento pues la constructora lo más probable es que empezara a funcionar de nuevo llevada por los hermanos y la familia de Roimans, ya que salía más barato seguir haciendo funcionar el negocio que recoger los beneficios, por los temas con hacienda, aunque Nestor no estaba seguro del todo de eso.


Recordó entonces Nestor otra vida, recordó a la vasca guapa que tenía un barco muy espacioso, un yate para pasear y que había sido su amiga en su juventud, recordó cuándo estuvo en su casa tonteando encima de la cama de su cuarto y sus padres le llamaron la atención por estar haciendo manitas con su hija porque sus padres eran unos señores muy estrictos chapados a la antigua y no les gustaban las tonterías, pero la vasca tenía un yate para pasear y había estudiado marqueting en Joannesburgo, Suráfrica, para seguir siendo inmensamente rica cómo sus padres, pero lo último que supo de ella era que la familia ya no tenía el yate ni los barcos aunque si conservaba la residencia de verano y trabajando en España, la vasca ganaba entre 1700 y 2000 euros con su trabajo y ahora vivía bien pero sin los privilegios de hacía veinte años, su familia había pegado un bajón y de muy ricos pasaron a ricos y ahora se habían degradado a clase media, clase media alta, pero clase media.

Recordó Nestor los mejores momentos de los negocios inmobiliarios de su  familia cuando tenían una finca en Ibiza y un chalet en Marbella, ahora todo eso había desaparecido. Era curioso cómo todas las familias que él había conocido y que se dedicaban a lo mismo habían pegado un bajón, sucedió cuando estalló la burbuja inmobiliaria, y sin embargo constructoras importantes cómo la del padre de Roimans se habían mantenido porque eran negocios no especulativos, porque empezaron a funcionar en el desarrollismo de España de los años 50 y no por la oportunidad de la burbuja, y en cierta manera era justo que las constructoras del desarrollismo no hubieran quebrado, fueron las pioneras. Ahora había pasado el tiempo y Roimans recibía una gran herencia que tendría que compartir con sus hermanos o que sencillamente podría seguir trabajando con su familia, de todas formas tampoco era asunto suyo pero ahí había una oportunidad, una oportunidad de prosperar para él y dejar el trabajo en la cadena de producción de Adeco.

A sus cuarenta años Nestor había conocido los dos mundos: había conocido el mundo de la riqueza y había conocido el mundo de la pobreza. Su familia se arruinó completamente con el gobierno de Zapatero y él tuvo que vivir en pensiones y cuando se acabó el dinero de la prestación acabó en un albergue de caridad, después se reinventó cómo desarrollador de contenidos web en unos cursos del desempleo y ganó lo suficiente cómo para alquilar un cuartucho en una ciudad provinciana que sin embargo lo tenía todo para vivir. Al final tuvo que volver a vivir con sus padres un tiempo y poco después fue encontrando trabajo de currante en cadenas de montaje, trabajo proletario. Sin embargo él deseaba volver a trabajar de Agente Comercial con un traje, un coche de la empresa y estudiar nuevos estudios superiores a distancia por alguna universidad virtual de las que otorgan un título oficial, no sólo lo deseaba por ego, era una forma de progresar, de no quedarse tan abajo y él sabía que le hacía bien.

Todo empezó con la Reforma Laboral del Partido Popular en España, de la noche a la mañana los trabajadores pasaron a cobrar un treinta por ciento menos de salario y a tener que trabajar más horas para ganar mucho menos sueldo, al tiempo que se creaban minijobs o trabajos a 400 o a 500 euros cómo mucho que no sacaban a nadie de pobre pero que al menos impedían ser un parásito. Mucha gente se conformaba con cobrar prestaciones de los Servicios Sociales aduciendo que se encontraban en pobreza extrema y así iban viviendo de la caridad del Estado teniendo lo suficiente para alquilar un cuartucho y fumar y beber barato a la vez que acudían a los comedores de caridad y al banco de alimentos para poder alimentarse. Así fue cómo llegó a haber en España 14 millones de pobres en el año 2012, cifra que se mantuvo en el 2015 pero que en el año 2018 ya empezaba a remitir, se estaba saliendo de la crisis con mucho esfuerzo y a en base a aceptar trabajos precarios y vivir con lo justo. La clase media se había reducido a menos del 8 por ciento y Nestor sabía muy bien quiénes eran: eran los hijos de los ricos que se habían formado en el extranjero y que ahora habían descendido de ricos o muy ricos a clase media, a la nueva clase media formada por aquellos que antes lo habían tenido todo y ahora tenían que conformarse con la mitad. Los que no habían tenido nada, nada tenían.




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