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domingo, 11 de marzo de 2018

LOS MEJORES TIEMPOS DE LOS MEJORES TIEMPOS.

Era normal ser un artista y hacerse un artista y así recordaba Nestor sus veinte años en una cafetería donde se daba una charla literaria y él intervino rebelde, violento e incisivo, cautivando al público con su retórica en un día o una tarde de éxito. Entonces tenía aquella novia pintora que había sido jurado en los concursos de la Seminci y que era muy respetada en la ciudad, aquella novia pintora mayor que él y que había ocupado su sitio en la comunidad cómo una persona de talento importante a la que se requería su opinión. Una década más tarde un amigo puso una tienda de ultramarinos con un crédito del Ico y él le estuvo ayudando a montarla, en esos diez años Nestor no había vuelto a publicar nada, se había apartado del mundillo literario y la farándula y ya no era la misma persona, más inquieto pero más depresivo y menos inconsciente había perdido su viejo toque, se entretenía con otras materias también después de su estancia en Madrid en la que quiso triunfar cómo guionista de cine y abrirse un hueco en un ambiente más exclusivo y más clausurado.
Entonces colaboró con una cuadrilla de obreros en la obra para la tienda de ultramarinos de su amigo y llevaba los cascotes al contenedor y trabajaba bien y deprisa y después su amigo se lo agradecía con copas y bebidas hasta muy entrada la noche, hasta acercarse a la madrugada, hablando de sus sueños de comerciante y de su nueva vida cómo empresario, no fueron malos días ni malos momentos. Su amigo había sido un gran artista hace veinte años, lo mismo que él y tenía ínfulas literarias y cabida a sus grandes ambiciones casi megalómanas, con otro grupo de poetas y literatos más mayores que ellos recorrían las calles en una bohemia provinciana de ciudad lluviosa y gris de aceras negras que en verano se derretían.

--La literatura es una mierda--le dijo--: Es una mierda de la que muchos se alimentan.

Y desde aquel momento su amigo nunca más volvió a leer literatura, ya no quería que le contaran una historia sólo leería libros que informasen sobre los acontecimientos vividos por la humanidad a lo largo del tiempo y de pensadores que expresasen sus ideas con mayor o menor acierto y mayor o menor soberbia pero sin tratar de hacer con ello, y a pesar de su nulo o excesivo talento, un relato para entretener a las viejecillas.

Entonces tenía Nestor un amigo ejecutivo de una multinacional, casado y ganando mucho dinero pero de orígenes humildes que sentía admiración por él, le consideraba un verdadero artista, pero Nestor había dejado hace mucho tiempo de escribir y ya no le llegaba la inspiración cómo antes ni él la quería ni él la buscaba, estaba a otras cosas pero nadie sabía muy bien a qué, en el fondo parecía más su ánimo una depresión larvada con altibajos producidos por la ingesta de alcohol y las películas de las dos de la mañana.

Fue entonces cuando se buscó una novia morena de pelo largo que también había nacido en diciembre y que tenía un estudio de música, se entretuvo con ella mucho tiempo y hablaron juntos de irse a vivir a Barcelona. Ella daba conciertos con un grupo de pop al que todos consideraban bastante mediocre, pero ella ponía todo su empeño y toda su vida en él aunque no tuviera ningún futuro.

Con el tiempo los conciertos por las escuelas públicas y los gimnasios se fueron espaciando y los de los discobares también y finalmente su novia no tuvo más remedio que dedicarse a otro oficio y entonces Nestor recordó cómo él también tuvo que abandonar sus sueños de guionista en la gran ciudad y trabajar en el sector inmobiliario, de alguna manera la realidad se imponía y se imponía sobre todo la necesidad de ganar dinero.

¿Qué había sucedido? Ah, sí...vino una década de drogas y alcohol, producían un arte impublicable e incomprensible...Vino una década de excesos con la marihuana y el hachís y luego una especie de destierro en medio de la nebulosa de no saber muy bien qué le había pasado a uno. Vino una década de excesos que se pagaron caros...¡Se estaba tan bien en el mundo irreal de la ilusión!

Cuando llegó la crisis de los cuarenta y la crisis sistémica, Nestor no pensaba en otra cosa que en los éxitos cosechados en su primera juventud, cuando fue premio regional de poesía y le publicaron un libro de relatos y otro de poemas y parecía que se iba a comer el mundo, con el planeta entero bajo sus pies, universitario brillante, fue cerrando los bares de copas y alternando con grandes artistas y literatos bohemios de la región haciendo un grupo de gente de todas las edades que se consideraban la médula cultural de la ciudad y un tanto imprescindibles y un tanto conciencia crítica, en su aventura madrileña se apartó entonces de toda aquella gente y luego llegaron los trabajos en el sector inmobiliario y una casa y luego un piso y luego una pensión y luego por fin la crisis y ya se había hecho medio viejo, los mejores tiempos de los mejores tiempos se habían terminado, por edad, años, talento, cansancio y desgana de vivir. Más serio y prudente y más escarmentado ya no era el mismo y tampoco podría decirse de él que fuera un hombre feliz.

Pero todo éso tenía que cambiar ( algún día).

SOLILOQUIO DE NESTOR

¿Pero por dónde empezar? Todo sucedió en un curso de diseño gráfico en 1991, allí había conocido a un exyonki que se había sacado la carrera de periodismo metiéndose picos, cómo su familia era pobre le dieron una substanciosa beca para estudiar y él se la gastó metiéndose en la heroína. Con el tiempo se sacó la carrera de periodismo pero se hizo un adicto y ahora, parcialmente rehabilitado, el Estado le había dado una prestación de incapacidad y dinero suficiente para poner un negocio, que no era otra cosa que un quiosco de prensa nacional e internacional con el que poder ganarse la vida. Al tiempo que tenía el negocio cobraba una prestación y se esforzaba por trabajar en algo que tuviera que ver con su campo, que era el periodismo. Aquella conversación con aquel exyonki me hizo darme cuenta de que puedes elegir el camino malo, el camino equivocado en la vida, y que al final todo te salga bien y acabes con una paga, un negocio propio y una carrera...No era el primer caso en el que yo conocía a alguno que, tras estar metido en las drogas en los años ochenta, acaba sus días con una prestación o un negocio propio o facilidades para el alquiler. Realmente todo aquello hizo que no quisiera apartarme del mundo de las drogas aunque por supuesto jamás me metiera en la heroína pues yo me daba cuenta que si los consumidores de marihuana y hachís eran más inteligentes y más creativos, los que se daban a la heroína perdían intelecto y pasado un tiempo te parecían todos unos tontos, unos sonados, unos acabados, unos despojos. Aunque lo cierto era que todo el mundo se podía recuperar. Lo que me sucedió es que no tuve un buen ejemplo y el exyonki para animarme a proseguir mis estudios me relató que las mejores notas siempre las había sacado estudiando drogado y que yo colocado de marihuana y hachís podría estudiar muy bien y con aprovechamiento y obtener buenos resultados, sugerencia que seguí al año siguiente con buenos resultados, no con excelentes resultados pero si con resultados pasables, no era exactamente cómo a él le conmovía pero era parecido, algo más marginal de lo que pudiera pensarse a simple viste pero vestido y trabajado por el factor tiempo.
Con la edad empecé a drogarme para escribir, para hacer literatura.
Luego dejé las drogas y perdí mi casa, acabé en un albergue de caridad y al final, alquilando un cuartucho, con una escasa ayuda social me sobraban diez euros al día para poder fumar, comer y beber, así que me iba al banco de alimentos para tener el asunto de la comida solucionado y con diez euros al día fumaba tabaco y me compraba latas de cerveza en los supermercados. Lo más curioso fue que con la crisis empezaron a tener en refrigeradores las latas de cerveza con objeto de que se las pudiera beber frescas y a buena temperatura quién quisiera y así te encontrabas latas muy baratas, por treinta céntimos, listas para su consumo. Fue entonces cuando empezó a  aparecer en el panorama ahorrativo español tarjetas gratuitas de compra de tabaco en los estancos que te daban los Servicios Sociales, una especie de cupones para que pudieras comprar tabaco pues cupones para que pudieras comprar alimentos en los supermercados ya existían. Luego estuve cobrando la ayuda social y trabajando al negro, entonces alquilé una habitación para mí solo en un apartahotel y me lavaban y planchaban la ropa y me hacían el cuarto, aunque tenía dinero para comprar comida seguía acudiendo al banco de alimentos para no gastar dinero en alimentarme y así tenía más dinero para mis vicios y me iba al bar--lo hacía todo el mundo-- mucha gente según pude comprobar usaba el banco de alimentos cómo sistema para ahorrar gastos y lo que se ahorraba en comida se lo gastaba en otras cosas y así fue cómo pude comprobar que asistiendo al banco de alimento o a por cupones había gente que llevaba ropa cara o que usaba móviles muy potentes, pero aquí no quiero hacer un juicio ni una crítica puesto que la vida está para disfrutar y los que de alguna manera se aprovechaban de los Servicios Sociales del Estado lo hacían para vivir un poco mejor, para no estar en la más completa de las miserias, yo podía entenderlo.
Finalmente se acabaron las ayudas y con el dinero que ganaba trabajando al negro no me daba para alquilarme nada, tuve que volver a vivir a casa de mis padres pero antes de hacerlo estuve esperando la opción de que un amigo me dejara un trastero que tenía su familia para poder instalarme, en el ínterin no tuve más remedio que pasar la noche refugiado en la estación de autobuses o durmiendo en discotecas que abrían toda la noche o guarecido en sitios discretos de los parques públicos, tapándome con una manta que había sacado de un contenedor y cuando despareció la manta con cartones y papeles de periódicos y revistas. Fue el momento más duro de la crisis y mientras dormía en los parques o en la estación de autobuses me acordaba de cuando teníamos la finca en Ibiza, de aquella noche que me invitaron a un concierto de Riki Martin en la casa de un millonario italiano que celebraba en cumpleaños de su hija por todo lo alto, bandejas de plata repleta de líneas de coca que yo nunca probé y miles de combinados que se llamaban "puerto de India" de los que di muy buena cuenta, ambiente de lujo máximo en una mansión en la que aparcaban automóviles deportivos último modelo. Los años de la bonanza económica en España con el gobierno de José María Aznar, cuándo todos éramos ricos ( y cuando la burbuja inmobiliaria también)


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